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EDITORIAL COLOMBIABUS EDICIÓN 36: VOLVIMOS A LA RUTA

Por: Charlie Rodríguez.

VOLVIMOS A LA RUTA

La pandemia derivada de la propagación de la enfermedad Covid-19 representado un nuevo orden global en la mayoría de las actividades humanas y el transporte de pasajeros no podía ser la excepción.

Aunque el servicio urbano continúa operando con restricciones, movilizando a aquellos que por fuerza mayor debían seguir dinamizando la cadena productiva y de suministros, la para en los segmentos especial, escolar e intermunicipal fue casi total, representando pérdidas multimillonarias para el sector, que de acuerdo con los cálculos realizados por las agremiaciones como el consejo superior del transporte y Colombiabus, involucra a casi un millón de colombianos en su cadena productiva.

Fueron cinco meses de detención que pusieron a prueba la solidez del gremio y su capacidad de adaptación pero que sobre todo, que han dejado muchas enseñanzas para todos quienes derivan su sustento de la movilización de personas, entre ellas, la necesidad de fortalecer la unión entre las compañías operadoras, de cada a presentarse ante las autoridades de transporte y el gobierno nacional como una fuerza necesaria e imprescindible para el devenir nacional esa capacidad de cohesión es la que hace que además la opinión pública, los medios de comunicación masivos y la banca, le den seriedad al caso de un a un gremio que mueve más de 200 millones de pasajeros al año.

Y es que al ver que el gobierno nacional pretende desembolsar a título de préstamos cerca de 370 millones de dólares para ayudar a la reactivación de la otrora «Aerolínea de Colombia», el escozor y descontento se agudizan durante la cuarentena los recursos estatales para apoyar al sector transporte durante la pandemia fueron íntimos, el acceso a los mismos una utopía y la persecución a través de la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales, la Supertransporte y el Ministerio de Protección Social, el pan de cada día.

A pesar de las adversidades, empresarios, conductores, propietarios personal de logística, la cadena de suministros del sector, carroceros, fabricantes de chasises, aseguradores y hasta nuestra revista, volvimos a la ruta fortalecidos y convencidas que somos una fuerza indispensable para el crecimiento del país una nación que se mueven bus, que se conecta a través de sus maltrechas carreteras y que necesita de sus compañías de transporte para seguir adelante.

Esta nota es un homenaje a todos quienes estoicamente logramos soportar estos meses en casa, pero que debemos continuar sobre ruedas para seguir haciendo empresa, así seamos considerados «sujetos de alto riesgo» por la banca, que no entiende que lo que realmente representa un riesgo, es dejar incomunicado al país.

Nuestros mejores deseos en el regreso a la ruta desde este, el canal del autobús en Colombia.

EDITORIAL: EL TRANSPORTE EN TIEMPOS DE AISLAMIENTO

La situación sanitaria actual cambiará para siempre la forma en que interactuamos, nos transportamos y generamos relaciones interpersonales. ¿Están preparadas las empresas de transporte para lo que venga después?

La expansión de la epidemia del COVID 19, más conocido como Coronavirus, ha demostrado con creces lo vulnerable que es el orden establecido en nuestra sociedad actual. Un agente inesperado cambia por completo la forma de trabajar, estudiar, relacionarnos y por supuesto, viajar. Ahora, los saludos de mano, los besos en la mejilla y hasta los abrazos están mal vistos; quien sabe si meses después de que el virus se haya controlado, esas costumbres sigan en desuso.


En el sector transporte, las aerolíneas han sentido con rigor el embate de la enfermedad, teniendo que dejar flotillas enteras en tierra debido a las restricciones de movilidad y la baja demanda de vuelos internacionales debido al temor del contagio. Las piezas de recambio fabricadas en países asiáticos escasean, y en Colombia, con el dólar por encima de los $4000, se altera de inmediato el esquema de costos y la operación de las empresas.

En el transporte terrestre, la contingencia no ha sido diferente. Las empresas han comenzado a sentir la merma en las ventas, obligando a limitar las frecuencias y racionalizar los recursos para poder sostener la operación. Sin embargo, la necesidad de movilización sigue latente, y aunque de acuerdo con las autoridades sanitarias lo más prudente en este momento es la “cuarentena” voluntaria, situaciones familiares, comerciales y académicas obligan a millones de personas a tomar un autobús. Teniendo una demanda mermada en casi el 50%, se plantean varios interrogantes de cara al presente y futuro de la situación sanitaria. ¿Cómo responderán los transportadores ante esta eventualidad? ¿qué tanto se verá afectada la liquidez de los propietarios con vehículos detenidos y cuentas por pagar? ¿cómo se comportará la demanda en Semana Santa y en lo que resta de 2020?


Lo primero a tener en cuenta, es que la era en que los pasajeros iban a “comprar” es cosa del pasado. Ahora, las compañías deben salir a “vender” sus productos, mas allá de ofrecer vehículos con vistosas luminarias o contratar revoladores o taquilleros que a grito herido promocionen servicios en un terminal de transporte. Es necesario que fortalezcan sus canales de comercialización online, su comunicación virtual y que las ventas se realicen de manera inteligente, corporativa y anticipada. Publicidad en medios especializados, actividades virtuales de activación, mercadeo digital, promociones, servicios de valor agregado y fidelización son la clave para cautivar al pasajero quien está muy cerca de tomar una decisión de compra, y muy lejos de una terminal.


Pero de otro lado, está la protección de la integridad de quienes hacen parte de la comunidad transportadora en nuestro país. Promover los correctos hábitos de higiene y alimentación entre conductores, despachadores, personal de mantenimiento y pasajeros, serán clave para dar cara no sólo a esta epidemia, sino a las que han de venir, porque como está demostrado, la fragilidad de la especie ha quedado más que evidente, y la vulnerabilidad de nuestra raza, plagada de artefactos tecnológicos pero desprovista de un sistema inmunológico capaz, a flor de piel.