¿PARA QUÉ DEVOLVERSE?

EDITORIAL LATINOBUS – REVISTA 43

Redacción Latinobus – William Marroquín

Uno de los temas que más ha generado polémica y opiniones negativas por parte de los bogotanos, ha sido el llamado de atención de los operadores de Transmilenio que en varias oportunidades han manifestado dificultades económicas y han solicitado recursos para poder seguir operando, so pena de dejar de prestar el servicio y dejando a la ciudad sin su principal sistema de transporte.

Es importante recordar que a medida que fue creciendo Transmilenio se convirtió en la columna vertebral de la movilidad en la capital colombiana y llegando a movilizar más de 2,5 millones de usuarios diarios. La pandemia, las cuarentenas el mensaje que acusaba a los autobuses de ser un medio transmisor de enfermedades, así como el incentivo a nuevas formas de trabajo e interacción, han conducido en la actualidad a una movilización promedio de 1,1 millones de pasajeros. Es decir, casi un 60% de reducción de ingresos, originando una compleja realidad financiera para el sistema.

Con más romanticismo que sentido común, existen personas que añoran el sistema tradicional que por cerca de 60 años movilizó a la ciudad, cuando la incapacidad del estado para prestar un servicio esencial obligó a cederle esa tarea a los particulares. Con el cambio en la forma de operar y los autobuses que llegaron, el transporte masivo en Bogotá pasó a ser incluyente, accesible, ágil, seguro, productivo, confortable y sustentable, con una renovación de flota en los últimos años que pocas ciudades en el mundo se han permitido tener.

Transmilenio es un sistema en desarrollo permanente, que logró sobreponerse a los estancamientos derivados de gestiones inadecuadas de varias administraciones y ahora busca volver a las cifras que le devuelvan la sostenibilidad económica que la pandemia le quitó. Si los buses rojos, verdes, azules y naranja dejasen de operar, sería más complicado por los contratos vigentes entre la ciudad y los concesionarios, no todas las distancias ni todos los usuarios pueden movilizarse en bicicleta u otros medios alternativos de transporte, ni tampoco involucionar con los sistemas tradicionales que no están acordes a la realidad de la ciudad en estos tiempos.

El sistema debe seguir, porque la consolidación del metro como eje de la movilidad en Bogotá tomará décadas, y seguirá la integración con otros medios de transporte. De otro lado, en muchas zonas de la ciudad, las personas sólo podrán llegar a través de un autobús, dada su flexibilidad. La capital no puede regresar al pasado y sus prácticas ineficientes.

P.D. ¿Cómo se va a recuperar el 35% de puntos de la red externa de recargas que se perdió al terminar el convenio entre Recaudo Bogotá y Gelsa (propietaria de PagaTodo)? Resolver este dilema sería una excelente forma de recuperar a los usuarios y acercarlos al sistema.