EDITORIAL COLOMBIABUS – EDICIÓN 37

EL FUTURO DE LA INDUSTRIA

Por Charlie Rodríguez

En medio de una mediática polémica
enaltecida por los diversos extremos
políticos que levantan sus voces en
contra y a favor, la electrificación de
los buses en las ciudades pareciera ser una tendencia
sin reversa alguna, que cambiará de manera
radical la orientación de la industria del autobús
en nuestro país. Cientos de vehículos eléctricos
empezarán a rodar por las calles de los centros
urbanos de Colombia y otro número importante
entrará a ser licitado en los próximos meses.


Sin embargo, y a pesar que los fabricantes locales
de carrocerías han realizado un descomunal esfuerzo
para trabajar de la mano con los constructores
de chasises eléctricos y presentar sus prototipos
ante los operadores, pareciera que la tendencia
a importar los vehículos completamente
terminados se estuviese imponiendo en las últimas
incorporaciones, y son dos los principales
factores que contribuyen a la toma de este tipo de
decisiones por parte de los clientes: precio y
tiempo de entrega.


Para nadie es un secreto que la tecnología de movilidad
eléctrica aún está en sus primeras etapas
de desarrollo, factor que la hace costosa y
compleja. Es por ello que los fabricantes chinos se
han “apoderado” del liderato en la comercialización
de este tipo de unidades y el escenario
comercial colombiano no es la excepción. A pesar
que una unidad eléctrica venida desde el país asiático
puede estar costando el doble que un autobús
Diesel Euro 6, un bus eléctrico de origen europeo
ó nortemericano podría multiplicar el valor base
por 2,5 y hasta por 3. Por ello, sumar al ya elevado
costo del chasís a baterías el valor de una carrocería
nacional, pone en desventaja la ecuación y
hace inclinar la balanza a favor de traer la unidad
completamente carrozada de China donde los
bajos costos de los materiales, la mano de obra y
los subsidios estatales, reducen su precio final.

Construir un autobús en casi todas partes del
mundo está lejos de ser un proceso automático y
robotizado, dados los bajos niveles de producción
en comparación con los automóviles y camiones.
Gracias a la gran demanda interna, los fabricantes
chinos han logrado tecnificar muchísimo su proceso
constructivo, logrando reemplazar, por
ejemplo, las piezas exteriores de fibra de vidrio
por lámina metálica estampada y las partes internas
por plásticos inyectados. Esto se traduce en
una altísima velocidad de producción y menores
tiempos de entrega, aunque no necesariamente,
en mejor calidad.

Así las cosas, la única forma de proteger a los
miles de empleos directos e indirectos que genera
la industria carrocera local, está en el apoyo que el
gobierno nacional entregue a los fabricantes, a
través de los puntajes que se den a los operadores
que carrocen en Colombia a la hora de licitar, y la
generación de estímulos laborales y tributarios
que alivianen la carga de la industria. Es hora de
honrar las promesas de campaña y demostrar que
los carroceros y emprendedores están para algo
más que una anaranjada fotografía.

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